El ritmo de la parrandera es el ritmo tradicional de las cimarronas, o como se les conoce popularmente, las “espanta perros”. Este ritmo es característico de la región de Guanacaste, y le ha brindado al país un gran aporte al patrimonio cultural inmaterial.
En cuanto a sus orígenes se manejan varias versiones. Por una parte, hay quienes sostienen, como Raziel Acevedo, que el origen del ritmo es el resultado de la fusión de la cultura aborigen, afrodescendiente y española. Esto basado en la estructura rítmica de seis octavos que posee, lo que la asimila a la base comúnmente utilizada en las marchas militares que introdujeron los españoles cuando llegaron a América. Además, indica que la inmigración africana agregó una serie de acentos sincopados, que tienen la función de acentuar ritmos débiles como si fueran fuertes, y es de esta mezcla que surge el ritmo en la época (Alfaro, 2018; Acuña, 2017).
Por otra parte, hay quienes atribuyen el origen del ritmo al paso rápido y alegre del caballo criollo costarricense, como menciona Ronald Estrada. Había necesidad de un ritmo nuevo, y aquellos con afición por la música inventaron el ‘paso caballito’ que tocaban con el quijongo y la carraca (quijada de buey), al que llamaron así porque simulaba el paso del caballo criollo guanacasteco. Una vez que se perfeccionó, el ritmo se hizo muy famoso en las ‘parrandas’, como se le conoce a las fiestas patronales y bailes del pueblo. Luego de esto se integró la marimba y la gente empezó a pedirle a los músicos que tocaran una “parrandera”. Así fue como finalmente se le empezó a llamar al ritmo localmente (Prensa MCJ, 2014).
Indistintamente de cuál sea la explicación de su origen, todos concuerdan en que el ritmo ha significado un gran aporte, no solo a la cultura guanacasteca, sino a la idiosincrasia del costarricense.
Otro de los aspectos en que coinciden es que este ritmo, a la hora de tocarlo, se ve influido por factores de tipo emotivos, experiencia, gusto, motivación y condiciones sociales del evento; por lo que en ocasiones se escucha más rápido y en otras más lento, más que todo por su adaptación al evento social en el que se esté, como lo son tope de toros, funerales, rezos, desfiles, cumpleaños y otras similares.
Según se menciona, las cimarronas en otras zonas del país tocan un ritmo similar, pero es conocido como “tambito”. La diferencia entre ambos es que la parrandera requiere un ritmo más acelerado y muchas veces se toca con un orden distinto; por ejemplo, Estrada (2011) menciona que la parrandera comienza con un redoble, seguido de un choque de platillos y un golpe de bombo, en cambio en otras zonas del país comienzan con el redoble, después el golpe del bombo y al final el platillo.
Además, Estrada menciona que “los guanacastecos más ancianos identifican el tambito porque le llaman el ritmo del caballo ‘lunanco’, o renco, porque se escucha como un brinquito: taca, taca, ¡pum!, taca, taca, ¡pum! Tiene puntos de apoyo y ese brinquito lo sienten como un caballo renco; mientras que la parrandera es seguida: taca, taca, taca… Es el casco del caballo sin pausas” (Prensa MCJ, 2014).